¿Por qué vivo en Bangkok?

Vista desde mi oficina de la ciudad, tomada con mi vieja cámara

"¿Y qué persona cuerda podría vivir en este mundo sin volverse loca?"

 

"Las doce moradas del viento", Ursula K. Le Uin

 

 
Hace algún tiempo una persona en el foro me preguntó la razón por la que vivía en Bangkok. Buscando información sobre otro tema, me he encontrado de nuevo con ese hilo y hoy, dos años más tarde, sigue siendo tan válido como entonces.
 
Lo copio aquí. Estas son las razones por las que vivo en esta pequeña, amada ciudad.
 
Color. Una de las cosas que hago cuando me encuentro de bajón es pillar un taxi y pedirle que me lleve hacia las afueras. Ver las zonas de Bangkok, los regadíos, los canales, la gigantesca cantidad de pequeños comercios, las personas vendiendo, ofreciendo, caminando, trabajando, los anaranjados monjes, los conductores de moto-taxis en con sus libreas coloradas, las turistas nórdicas con su tez pálida y su melena amarilla entre los indios negros de pelo oscuro, por los puestos callejeros en los que se venden mil abalorios colgando mostrando su mejor aspecto. Ver las palmeras verdes refulgir con el sol. Ver la vida fluir es sensacional.
 
Cosmopolita. Personas de absolutamente todos los lugares, oriente y occidente, se juntan aquí. Ir a celebrar el año nuevo a Khao San Road es una experiencia que hay que hacer al menos una vez en la vida. Ver a toda esa gente, de todos los países de Asia y occidente, convergiendo en esa calle, contando hacia atrás los segundos al unísono -cada uno con su marcado acento del inglés- es algo que realmente distorsiona la realidad. Allí y en ese momento estás en un lugar absolutamente distinto y percibiendo que esa atmósfera es compartida por todos. En zonas empresariales, pasar por los edificios de multinacionales de la ciudad y ver salir a los oscuros hindúes enfundados en su trajes con corbata hablando con mujeres asiáticas de aspecto corporativo a la vez que pasan los tuk-tuks al lado de su lujoso coche es un contrapunto brutal frente a una ciudad española. O meterte en un pub en donde las chinas de nueva generación, a las que ya no les falta ningún dinero, bailan sin complejos contra el proyector con esa especie de guantes de dedos cortados y un pequeño sombrero negro estilo Chicago años 30 mientras cerca un grupo de nórdicos intentan sacar algún rédito de las horas invertidas en el gimnasio con ellas. Por las calles, hombres vestidos de blanco, musulmanas totalmente de negro, se mezclan con los residentes australianos y europeos y los propios tailandeses que viven en la zona o trabajan allí. Mientras estás contemplando la escena, un iraquí para su scooter a tu lado y te dice que si quieres contratar un viaje en su nuevo negocio -que se llama como la cadena de televisión, al-jazeera-. No sé si se puede ir más allá que esto, pero a mi me fascina.
 
Tecnológico. Cuando sacaron el iPad y me comentaron desde España que "ya habían visto uno de exposición en la Fnac" a mí me sorprendió: aquí ya se estaban vendiendo (en el MBK para ser exactos). ¿Que no se distribuye fuera de Estados Unidos? Bueno, esto es Tailandia, casi todo es posible aquí.
 
Comida. Y no sólo me refiero a la comida tailandesa, sino el cuidado con el que lo hacen todo. La cocina es una religión aquí. Y es barata. Comer ternera de forma muy similar a la zorza o raxo en Galicia -que tanto echaba de menos-, no tenía precio. Ahora sí: unos 90 céntimos de euro. Los calamares tal como los preparan aquí, el arroz pegajoso del norte de Tailandia, sus ensaladas... Y por qué no, si te apetece, pasarte por el supermercado y hacerte un bocadillo de chorizo o jamón serrano con un pan que sólo es comparable al de Galicia hace 15 años (aquí en muchas cosas aún no han entrado todavía en la elaboración industrial). En medio de este cruce cultural puedes comer en restaurantes de muchos estilos sin tener que pasar por el cajero. Cuando en España dices "Esta noche vamos a comer a un hindú" normalmente se traduce como "vamos a pagar un pastón por tomar unos platos de degustación". Y si dices "voy a comer a un vietnamita" normalmente quiere decir "voy a pagar otro pastón por ir a comer a un restaurante de chinos que realmente no conocen muchos platos comunes en Vietnam a no ser que vengan directamente en la carta". Aquí ir a comer a un vietnamita o a un hindú significa exactamente eso. No tienes que pedir el pago a plazos al pedir la cuenta: tienen que competir con los tailandeses, en calidad y precio.
 
Chicas. Chicas espectaculares con las que puedes hablar, bromear y sin el increíble ego de las mujeres españolas. Como en todos los lados, hay de todo, pero es un mundo de diferencia entre España y Tailandia. Y quien quiera que tire piedras o cañonazos, pero sentirse atraído por mujeres esculturales de piel aterciopelada y una actitud dulce es parte de la prerrogativa biológica. No es posible enfatizar esto lo suficiente.
 
Una cultura diferente. Sumergirte en una forma distinta de comprender la vida, en un nuevo idioma -que refleja una nueva manera de estructurar pensamientos-, todo ello entre personas que agradecen de verdad ese esfuerzo, te ayudan y responden a él positivamente es simplemente sensacional.
 
Estilo de vida. Levantarte. Tomar un café. Ir al gimnasio que está en la 8ª planta (y que las personas de mantenimiento tienen como los chorros del oro) lejos de los abarrotados gimnasios españoles. O ir a nadar un rato a la piscina en la mismo piso. Trabajar en días luminosos. Comer en uno de los muchísimos y deliciosos puestos callejeros. Al terminar, si estás cansado, pasar a que te den un masaje. Llegar a tu casa que te espera limpia (contratar a alguien para que limpie aquí es muy barato - mucha gente de clase media tiene directamente criada 24 horas-). Pensar en qué quieres hacer entre las mil y una ofertas que tiene esta ciudad -de todos los tipos y precios-. O estar en el piso de tu condominio con todo lo necesario (tienda 24h, seguridad 24h, recepción 24h, etc.) O, si quieres trastear un poco con internet, llevarte el ordenador a la piscina en una tumbona en el agradable atardecer, cuando el calor intenso amaina y queda la suave iluminación y el arrullo del agua. De fondo tienes el impresionante Bangkok, con sus enormes edificios iluminados al caer la noche. Y lo más importante: hacer todo esto por menos de lo que cuesta una letra de hipoteca de un piso de segunda mano en una de las grandes ciudades españolas.
 
Más humano. Cierto, te intentarán sablear por todos los lados. Pero es que si lees el libro "Entre limones" de un británico que hace unos 40 años se vino a vivir a España, tampoco describe una situación diferente. Para lo bueno y lo malo, las cosas son más intensas, más auténticas, más viscerales. Ellos tienen sus capas de hipocresía, pero es que son en buena parte diferentes a las nuestras y eso es liberador en cierta forma.
 
Urbanismo. Algo que me llama la atención y me gusta mucho (por muy raro que parezca) es ver la complejidad y la evolución que tienen las ciudades grandes. Esa especie de de caos urbano con construcciones de diseños extraños, cambios de idea, diferentes edificios, diseños multi-nivel (Bangkok es realmente una ciudad en 3D) e incluso las escenas de decadencia urbana. Para muchos Bangkok es un vómito de hormigón y cristal en el sudeste asiático. A mi me fascina.
 
Barato. Lo puedes hacer: no tienes que quedarte desde 'la barrera' viendo las cosas. Aunque mucha gente se queja de que Bangkok es más caro de lo que pensaban -y ciertamente no es gratis, mucho menos en esta ciudad que acumula el 45% del PIB de toda Tailandia- no se paran a pensar cuanto les costaría vivir en España como lo están haciendo aquí. Y sobre todo, no comprenden que Bangkok no es Tailandia. Es una excepción y los precios fuera son totalmente distintos. Pese a eso, comprar ropa en mercados para Tailandeses, la comida, el alquiler del piso, las facturas, la calidad de vida no tiene comparación con la península. Ciertamente también hay sitios en los que gastar el dinero, pero vivir de la misma forma que en España es un orden de magnitud más barato aquí.
 
El paraíso no puede esperar. Cerca de la ciudad, o con vuelos a precio de autobús en España, puedes estar en el paraíso unos días. Y es más barato que Bangkok. De locos.
 
Son 24 horas de vida. Si un día a las 3 de la mañana no puedes dormir, baja a Sukhumvit. El clima es extremadamente agradable, han montado las mesas por las calles, personas están tomando por allí una bebida. Pídete una cerveza. Habla con las personas. 
 
Un mundo de gente fascinante. En general no te encuentras en Bangkok a personas grises con trabajos de 9-a-6 que siguen el ciclo de estudia-trabaja-reprodúcete-muérete-repite. Para bien o para mal, mucha gente que está allí está buscando algo. Y sí, hay mucha gente que va por las mujeres, por el clima o para maximizar su pensión, pero mucha gente -muchísima más que la encuentro en España- tiene algún tipo de pulsión que la lleva a estar en otra parte del mundo.
 
Vietnam está cerca. Y eso para mí es importatísimo. Si en Tailandia te encuentras gente interesante, Vietnam es una bolsa de realidad dentro de nuestro mundo. Hanoi es para mí lo más parecido a la serie "Doctor en Alaska" que haya encontrado jamás. Conocer a muchas de las personas que están construyendo/inventando su vida allí vale más que la visita al lugar en sí mismo. Queda un pedacito de esa estación de la película "Tres estaciones" todavía en Vietnam y somos afortunados de ser, posiblemente, los últimos que podamos disfrutarla.

 

Imagen de AlexRC
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Visto por última vez: Hace 3 meses 3 semanas
se unió: 03/05/2018 - 16:12
Das envidia!!

Eres la envidia de muchos Juan. Ya querría yo encontrar un buen trabajo en Bangkok.

Enamorado DeTailandia

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Visto por última vez: Hace 1 semana 2 días
se unió: 01/11/2016 - 11:18
Pues no se a que envidia te

Pues no se a que envidia te refieres.

El pobre Juan se suicidó hace mas de 6 años, pocos dias después de escribir este artículo.